La gente lo veía y sentía inmediatamente una sensación honesta de tranquilidad, seguida de cierto orgullo o privilegio, seguida de una sensación de seguridad, la cual terminaba desembocando en una lista de deseos. Él en cambio, los veía y lo único que le provocaba era pensar, dejando la culpa en un rincón, “despacito, conmigo, despacito”.
Archivo de Julio 2008
12 Jul
Julio
La nochecita me sorprendió tiritando, tieso, roto, descompuesto de infamia y preocupación. Siempre se puede estar un poco peor, siempre le podés mojar la oreja al destino y con cara de Dalai Lama escupirle en la cara un, “viste rico, yo la puedo cagar más que vos”.
Son días de confusión, la sensación de no saber [...]