Rememberings


Por la noche del domingo me sorprendí a mi mismo pensando cosas que me ayudan a entender otras.
Pensé mucho en las sensaciones que no pueden ocurrir más que en un solo lugar. No pensé en sensaciones que no viví, como ser pararme frente a la pirámide de Keops y contemplar su belleza mientras el sol, al estilo Marta Harff me hace un peeling natural.
Recordé los años de mi adolescencia, recordé el invierno adolescente y cómo eran la mayoría de los domingos por la tarde, cuando todo cobraba un sabor especial.
Una tarde de domingo fría de invierno, me levanto de la cama con una sensación de haber trasnochado largo, son las cuatro de la tarde, me pasé el desayuno y el almuerzo, entonces y mientras me vestía, la madera del piso se sentía fria en mis pies desnudos, me puse un sweater, esos de lana gruesa que acostumbraba tejer mi abuela sólo para mi. Ya con perfume a mucha intimidad entre ambos, me dirigí lentamente pasando uno por uno los ambientes de la casa de mis padres hacia la puerta de calle, como un perro que es llamado para tomar su baño semanal, con mucha cautela y desconfianza finalmente llegué a la calle.
Al abrir la puerta el panorama era desolador, no se porque la gente no sale los domingos de invierno a la calle, el piso húmedo, la sensación del frío amigable por conocido pero frío aún, y ese aroma en el aire, una mezcla de cosas que trae el viento y la lluvia, perfume a hojas y a tierra mojada que se amontonan en alguna de esas veredas de colores con baldosas levantadas por los arboles y que en la hendidura forman pequeños pozos que al llover se llenan de agua formando laguitos que frenan las hojas y transforman la tierra en barro y hacen que todo encaje. Hay movimiento.
Camino y siento que el frío humedo acaricia mi nariz, siempre me gustó el invierno, el sonido de algún auto que pasa a lo lejos en alguna avenida estimula mis oidos, camino y miro en todas direcciones buscando algo o alguien, pero no hay nada, solo una tarde de domingo en invierno. La gente se da permisos y abandona las calles, dejandolas solas para mi. Camino y miro el aliento que sale como humo de mi boca, sé que que al regresar a mi casa todo estará lleno de sonidos que tienen que ver con la organización de la vida semanal, la tv sonará distinta, a domingo y la gente que vive conmigo estará muy ocupada preparando su semana.
Sé que estas sensaciones me acompañan desde haca mucho tiempo y creo que sólo por el hecho de haber pasado mi infancia y adolescencia en Liniers pude vivirlas y recordarlas hoy. Ya que estoy convencido que en ninguna otra parte del mundo pasa eso los domingos de invierno a la tarde. Y eso en definitiva me hace de allí, me da ese origen y yo lo acepto aunque sigo buscando nuevas sensaciones que me hagan ver todo esto con solo cerrar los ojos un instante y poder revivirlas como si fuesen reales.

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