Carta


Ayer por la tarde, y luego de terminar la jornada laboral, pude leer tus emails, luego de esto me dirigí a mi sesión de terapia, hablé de cosas que nunca les conté a nadie, hablé de mis temores más profundos, de las experiencias que ocurrieron en mi vida, y creo por primera vez, pude expresarlas con madurez y con las palabras justas, no me limité a pensar lo que mi psicóloga podría llegar a opinar de ellas, solo le conté, con el silencio como testigo, creo que ambos asistimos a un día clave.
Salí y caminé por Cabildo, tomando la ruta que siempre acostumbro, paré en la librería Cúspide y tenía un nombre en mi cabeza “RAYMOND CARVER: DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR”, y así fué, luego compré otro libro más y seguí mi camino.
Tomé un taxi en Juramento y Cabildo hasta mi trabajo, estuve editando vorazmente, como si tratara de escapar de algo, cuando me di cuenta eran las 20:49, apagé todo y me fuí, pero algo me decía que mirara mi mail.
Lo hice y ahí estaba tu mail, Corrección(!¿?). Lo leí, apagué todo y me fuí caminando a mi casa.
Cené solo frente al televisor, pero sin prestarle atención, antes que nada noté que tu cepillo de dientes ya no estaba en el botiquín del baño, así como tampoco había ningún tipo de rastro de tu estancia en el lugar.
Cené bocconccini con tomate y aceituna, sin pimienta, de postre comí una pepa que había quedado, mi cabeza no paraba de pensar.
Revisé los cajones de la mesita de luz que ocupa el que era tu lado de la cama, en el primero encontré un Marlboro diez, que adquiriste en algún quiosco de Belgrano una noche de cine trunco.
Fumé y esperé, nunca tuve la certeza de qué era lo que esperaba, pero aún así no dejaba una sola vez de salir al balcón cuando un auto estacionaba en la puerta de mi casa; que cantidad de autos pasan por Olazabal los viernes por la noche!!, nunca me había percatado de tal hecho.
En mi cabeza rondaban las frases
“Tendría que haber admitido mucho
antes que no iba a poder ser la familia que vos necesitabas que yo
fuese, no por falta de anhelo, sino por falta de recursos.”
“Lo que fue nuestro es ahora tuyo y mío.”
“Quería que supieras también lo que quizás ya entiendas: que en mí no
se representa la gente que conocimos juntos y que te quiere y te
extrañaría.”
Y el desfile no paraba. Nuestro?? alguna vez algo de todo esto fué nuestro, me preguntaba una y otra vez, si algo fué nuestro, donde está ahora? que ha sido de ese algo, donde lo puedo encontrar para recordar. No, nunca llegamos a nuestro, siempre nos quedamos en lo tuyo y lo mío, jamás tuvimos el valor de experimentar como sonaba ese NUESTRO.
Admitir mucho antes que no podías ser la familia que yo necesitaba, que frase tan adecuada, trato de esconder mi molestia por este email, pero no me sale.
Siento que todo es una gran farsa, que es una pesadilla y no me puedo despertar.
La gente que conocimos juntos nos tiene identificados como pareja, deberías aprender que las amistades que no vas a alimentar hay que dejarlas correr, y en estos casos la que más las alimentó fuiste vos, realmente en ete momento no se que tiene que ver eso con lo que siento, me parece hasta ridículo.
Todo el email es una salida muy elegante, tal como te gustan a vos, pero mas allá de tus excusas, de tus expresiones ambiciosas, hay un fondo, vos no ves, no sabés que es lo que le pasa a tu corazón, una vez más me das una cartografía de tu estado sin tener la menor idea de qué es lo que realmente pasa por vos.
Pensé muchas cosas mas, pero como verás no soy una as en la pluma, ni vale la pena expresarlas.
Me acosté y me levanté muchas veces, cada vez que me levantaba fumaba un cigarrillo más, pensaba un poco mas, el libro de Carver es excelente, es realismo, sin lugar a dudas, historias narradas por gente común, sobre la vida, sobre el amor.
Pensé en llamarte, una y otra vez, pensé en llamarte y decirte cuanto te amo, para lo que sirva, te amo, cuando lo hice supe que había sido una pésima idea.
Luego lloré y me dormí. Salté de la cama a las 4:30 am sobresaltado, creí oir la puerta, la imagen de la punta de la llave entrando en la cerradura en primer plano se proyectaba en mi mente, entonces me vi saliendo de la cama al living y abrazando a Greta, sintiendo su perfume, y oyendo sus gemidos en mi oido, para soltarla y abrazarte por tu delgada cintura, y besar tus labios, cerrar los ojos y sentir tu sabor, que hoy añoro, pero la luz se apagó y al entrar al living la visión se desmoronó, solo oí el camión de la basura compactando enfrente de casa, y entonces me pregunté donde estarías, quería que estés ahí conmigo, para poder abrazarte y decirte que lamento no haber podido acompañarte en estos dias, tal como te tengo acostumbrada, pero que la situación me desbordó, que lamento no haber sido conciente de tu tristeza, de tus lagrimas mientras armaba esa maldita mesa.
Que te amo con el alma, y que eso no va a cambiar, que recibir correos tuyos diciendome Querido Walter me llena de pesimismo y de desesperación.
Vendería mi alma al diablo por tenerte de vuelta.
Te amo, sos y serás siempre mi princesita.

Anuncios

En memoria


No se porque,
imaginé,
que estabamos unidos,
y me sentí mejor,
pero aquí estoy,
tan solo en la vida,
que mejor me voy.

Un viejo blues,
me hizo recordar,
momentos de mi vida,
y mi primer amor,
pero aquí estoy,
tan solo en la vida,
que mejor me voy.

Hoy viernes 25 de febrero del 2005,
murió en un accidente Pappo,
Un prócer de la guitarra eléctrica
y del rock argentino.
Desde aquí, mi lugar, te saludo Carpo,
por todas las cosas que me diste
en mi adolescencia, por las escapadas
para oir tus discos con amigos,
por ese “no entren, la entrada es muy cara
y nosotros ya cobramos aparte”.
Por tus ganas, por tu viola
y por tu humor.
Buen viaje Carpo, espero que adonde vayas
hagan empanadas tan ricas como la de tu vieja.

Tardes

Algunas tardes, esta vida mía que tanto quiero me pone en contacto con sensaciones que se apoderan de mi cuerpo. Entonces pienso en mi madre, sus ojos cansados y tristes; recuerdo una canción que me gustaba escuchar mucho, en la que un hombre hablaba
de su experiencia el día que regresó a la casa de sus padres, luego de unos 5 años de no verlos.
“Ella no recordaba mi nombre!!” dice una estrofa; pero, sí le preguntaba si había estado comiendo bien. Cosas de madres, de todas las colectividades. Me vienen a la cabeza momentos vividos, un casa grande construída por mi abuelo, que luchó su sueño desde su Italia natal, allá a lo lejos, se enamoró se su prima y ante la intolerancia de su familia, prefirió abandonar una vida de comodidades por otra donde pudiera vivir con su amor y donde se sintiera coherente con su filosofía de vida. Paola y José.

José construyó muchas de las casas del barrio donde yo viví cuando niño. Nunca lo tuve, el mismo se encargo de anunciarle a mi madre que yo iba a ser un niño hermoso y que lo apenaba mucho no poderme conocer, meses después moría y su leyenda se largaba a crecer con sólo el cielo como tope.

La Nona vivió 89 años, con su sordera a cuestas, cada arruga de su cara tenía un forma diferente, como si tuviese dibujos en su rostro. Recuerdo que yo supe que ella iba a morir, esa noche llegué a mi casa, me acosté a dormir esperando el sonido del teléfono, pero fué la voz de quienes la estaban cuidando la que trajo la confirmación, en ese momento, me arrodillé en mi cama y simplemente lloré, lloré por ella y por el amor que sentía por ella, lloré porque era la forma en que mi corazón había decidido despedirla, lloré porque me dolió hasta el hueso no poder volver a ver su sonrisa ya nunca más.

Vivos estarán siempre Paula y José, en las nubes, en los árboles, en el vuelo caprichoso de los pájaros, en cada primavera. En los merengues de la San José, en las puertas de las verdulerías.
Una tana sorda y un tano pitoniso y albañil; mi cuna y todo el amor que puedas imaginar.

Ramón Sampedro


Mar adentro,
mar adentro.
Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro
del universo.
El abrazo más pueril
y el mas puro de los besos
hasta vemos reducidos
en un único deseo.
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
“mas adentro”, “mas adentro”
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.

Vida


Uluwatu, Bali


Charles Mingus atronando el cuatro cuerdas acústico.
Vermeer persiguiendo a la chica del aro de perla.
Sena Jurinac cantando Schumann.
El sonido nocturno de las olas en las costas de Bali.
La quietud Barcelonesa, si se me permite
la expresión, Gaudí, su verde, sus calles, su gente.
El aroma a frutos del mar en el puerto de Blanes.
El ruido de Milán a las 10 am.
Los ojos de Fiona cuando quiere acercarse más.
El sabor de la palta en el guacamole con amigos.
El asado de tortuga en el templo de los monos.
Jeff Buckley entrando a nadar al mississippi
en su viaje sin boleto a la eternidad.
Ella subiendo a su avión ese sábado horrible
de lluvia y desesperación.
No cambiaría mi vida por la de nadie en este mundo.
¿Y vos?

Este es nuestro último adiós
Odio sentir que el amor que hay entre nosotros muera
Pero ya es tarde
Sólo escucha esto y entonces me iré
Me diste más para vivir
Más de lo que tu nunca sabrás
Esta es nuestro último abrazo
Debería soñar y así ver siempre tu cara
Por qué no podemos atravesar este muro
Quizás sea porque nunca te conocí del todo
Bésame, por favor, bésame
Pero bésame sin desearme y sin querer consolarme
Tu sabes que me enfadaría
Porque hasta ahora sólo te he hecho llorar
Este es nuestro último adiós
Dijiste, “no, esto no puede ocurrirme a mí”
Y te apresuraste a llamar
Había una voz en tu cabeza diciéndote
“quizás no lo conocías del todo, no lo conocías”
Las campanas suenan en el campanario de la iglesia
Ardiendo dentro de mi corazón
Es duro pensar en sus suaves ojos y en los recuerdos
Que nos ofrecen signos de que se acabó, se acabó.

Ay San Valentín


Había una vez un chico llamado Valentín. Vivía en una ciudad muy bonita, donde los árboles
saludaban a la brisa muy temprano en las tardes y las abuelas, presurosas, poblaban las mesas de deliciosas sangrías caseras para saciar la sed del buen peregrino que gustara pasar por ese lugar. Las mañanas y las tardes eran de ensueño y la falta de malos entendidos hacía de la vida, una exquisitez. Valentín gustaba de jugar a la pelota en el potrero junto con otros amiguitos, algunos vecinos, algunos no.

A veces los sorprendía la noche hurtando ciruelas de alguna huerta amiga del lugar, con la complicidad de su dueño, quien disfrutaba de ver a los atrevidos colgados de sus árboles pensando que nadie los veía, mientras degustaba de un aperitivo afín a los calores de la época,
al fin y al cabo que pensaran en su impunidad, los mostraba en su estado más auténtico, más natural y eso lo llenaba de goce y melancolía.

Valentín creció y conoció a alguien que nunca había imaginado. Tenía pelo largo, olía bien y su piel era suave. Entonces ya no pudo jugar más, ya no le daban resultado los juegos porque su cabeza, caprichosa, lo traicionaba y no lo dejaba apartar sus pensamientos de la niña del pelo largo y la piel suave.

Fue cuando Valentín supo, por primera vez en su vida, que debía tomar una decisión y así lo hizo.
Rompió su chanchito de ahorros, con el dinero que obtuvo compró unos bombones y unas flores. Esa tarde se bañó y le pidió a su madre que lo vistiera de fiesta y así fué. Valentin, toda valentía, salió decidido esa tarde/noche y se sentó a esperar a la niña en la puerta de la casa.

Cuando la vió corrió a su encuentro.
-Hola. (le dijo)
-Hola. (ella respondió)
-Te traje estos bombones y estas flores. (dijo él)
-Gracias. (respondió ella)
-Es que hace mas de dos semanas que no hago otra cosa más que pensar en vos… (dijo Valentín)
-¡Qué bien! (dijo la niña)
-Y lo que me parece… es que estoy enamorado de vos, te quiero y me gustaría mucho conocerte, poder charlar, y tal vez quien sabe, algún día tal vez vos sientas algo por mi… (dijo Valentín)
-Mmm …lo siento mucho, (dijo la niña) pero no siento lo mismo por vos, me parecés simpático, eso no lo voy a negar, pero te veo más como a un amigo y no creo que eso cambie… (completó la hermosa niña)
-Ah… bueno…igual…no te hagas problema, son locuras mias, como siempre dice mi mamá
(dijo Valentín)
-No, está bien, no hay problema, mmm sabés… me tengo que ir, ¿hablamos otro día? (dijo ella) -Bueno, adiós, nos vemos otro día (dijo Valentín).

Y eso fué todo. Y claro, ese otro día no existió jamás. Su primer contacto con el mundo adulto había ocurrido, así de golpe y Valentín lloró. Y se preguntó por qué no podía ser lo que el quería,
si después de todo, no era gran cosa, no pedía mucho, solo algunas veces por semana, poder tomarla de la mano, verla crecer, saber sus miedos, sus alegrias, pero no pudo ser. Y ese fue el último día que iba a hablar con ella por el resto de su vida.

Fue un No, y Valentín lloró y conoció un mundo con el cual no había tenido contacto y ya nada fué igual para el amor.

¡¡Feliz Día de los enamorados blancas palomitas!!

Claudio


No se si el entró en mi vida como amigo, pero no me quedan dudas de que, en alguna forma, lo fue. Recuerdo un invierno cuando le conseguí un trabajo conmigo. Yo en ese momento era ayudante de una mujer que hacía paisajismo en casas y oficinas. Nélida necesitaba ayuda extra.
Nos recuerdo muy bien a la hora del almuerzo. Nos sentábamos en el estacionamiento de un edificio de Palermo a hablar sobre zapatillas importadas y ropa. Y a gastar el dinero que ganábamos en la cabeza. A pesar de ser poseedor de un apetito voraz, rara vez compraba algo para comer. Yo le insistía en ir al super y comprar sandwiches, a lo que él respondía siempre “No, dejá no tengo hambre”. Pero si yo le convidaba, aceptaba gustoso y devoraba el alimento que puisera en sus manos sin vacilar.

Era pobre, en todo sentido, vivía una vida que no entendía y sus pasatiempos eran tan extraños que rozaban lo tragicómico
-¿Adonde vas?
-Me voy a Cabildo, decía, donde soñaba despierto delante de las vidrieras. Soñaba con una tabla de skate bajos sus pies y en el sueño existía un padre amoroso que se la regalaba. Recuerdo una noche de verano, la mayoría de nuestros amigos estaban de vacaciones, éramos sólo tres y nos tiramos en la plaza a tomar cerveza. Nos gustaba contemplar los astros y soñar con una vida
que no teníamos, pero que si queríamos, eramos tan jóvenes que podíamos llegar a generarla.

Recuerdo la primera chica a la que besó, era una amiga mía pasada de copas, la cual se puso a su disposición inmediatamente para el laberinto de los besos. Claudio la tomó en sus brazos y créanme, jamás vi a una persona besar así a otra. Lo hacía con desesperación, la misma desesperación con la que vivía. Un buen día y malos entendidos de por medio, no nos vimos más.
Todos crecimos, pero él parece que no pudo superar el proceso, este que le tocó encarnar. Y no pudo generarse esa vida con la que todos soñamos aquellas noches estrelladas.

Aún me pregunto, que lleva a una persona a organizar su propia desaparición, por dónde empieza, cómo elige el método con el cual prescindirá de su bien mas preciado. No encuentro explicación. Claudio se cansó de no poder un 8 de Febrero de 2005; se pasó una soga al cuello y se fue y aún sigo sin saber por qué me duele tanto.