Subte


Bajo tierra hay vida, y miles de almas matándose por un asiento.Perfume característico, sonidos, miles de ojos, miles de corazones laten en desarmonía por los andenes de la línea D. Recorrí sus vagones, sus pisos de goma, sus carteles publicitarios. “En los trenes se ve el país”, dijo una vez un señor sentado en su mesa con un café con leche con medialunas, le puso tres de azúcar mientras ejercía su poder de faro, dando explicaciones mágicas para conocer un país donde gente como él, inventa excusas para no conocerlo realmente. Siguiendo su razonamiento, este es un país de remiendos, de negación, todos los días tratamos de convencernos de que no somos tan miserables, entonces inventamos cosas como que dios es argentino,
o que carne como en este país, en ningún otro. Recorrida violenta de Catedral a Congreso de Tucumán, en media hora, miles de personas ajenas al otro, ajenas a si mismas, pugnando por un lugar en el tren. Sin emergencias, sin incendios, la gente pelea un lugar y creo, piensa, “acá no me van a pasar, este lugar lo gano yo, no voy a postergarme esta posiblidad del lugar al lado del pasamanos”.
Cuantas mujeres hermosas suben a la línea D, eso me llenó de alegría los ojos, sobre todo ella,delgada, rubia, muy bien vestida, con unos pies hermosos, luchaba contra un abdomen para poder viajar sin torcerce, no era de ese lugar, ¿nunca les pasó ver gente en un lugar que no debería ser de ese lugar? así era ella, pertenecía a otro status, su boca, sus ojos; se sentó a mi lado, y rozaba mi brazo;
como protegiendose, con una mirada amiga, de las miles que la detestaban por ocupar ese lugar. Miré la hora en mi celular, ella hizo lo mismo con su reloj, nos miramos varias veces de reojo, pensé en iniciar una conversación cuando juntos nos jactamos con desagrado de que había habido una avalancha, pero preferí no hacerlo, preferí su silencio, preferí contemplar sus hermosas manos; no pude llegar a ver exactamente que leía, pero debería ser Ian McEwan, por el dibujito, era Expiación, un lindo libro, pensaba como sería una vida con ella, pansaba en una intimidad con ella, pero aún no sabía su nombre. Ella se bajó en José Hernandez yo me bajé en Juramento. Bajo tierra hay vida y amor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s