Cita a ciegas (parte 1)

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Queriendo averiguar como es una cita a ciegas la conocí.
Separó cada parte de mi cabeza, las planchó y las ordenó
en la cómoda, esa fué la primera impresión.
Nunca nadie la había amado. Rubia, que mundo difídil,
como diría Tonino.
Fumaba un cigarrillo con avidez, mientras se terminaba
ese cafecito asqueroso de Mc Donalds.
Estaba asustada, todos mis sentidos me lo decían,
pero al final de cuentas eso no es una ventaja
ya que yo también estaba muy asustado.
Mc Donalds tenía que ser?,
no existe algo un poco mas deserotizante??.
Calculo que la dama quería aplacar mis ímpetus
para no parecer una presa fácil
y hacerme correr aunque sea unos metros,
como lo hace el guepardo hasta que atrapa su gacela.

Lentamente y desde el estacionamiento me fuí acercando
y fuí aceptando que esa mesa era mi destino de una noche.
Mi boleto a lo lúdico aunque sea por unas horas.
Ella es rubia, ok? pero no de esas rubias,
es rubia si, claro, pero como podriamos decir…
de una rubiez Mae West.?
No, ni siquiera Libertad Leblanc,
es rubia de rubiez de barrio, de rubiez de almacén.
Sus ojos parecían los de una persona
que no paró de caminar durante toda su vida
como si hubiera nacido en una peregrinación
como si de caminar se tratara la vida misma,
y no había dicho nada aún.
Hola, como estas (beso) hola, estoy bien.
Esta historia continuará.

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