Cita a ciegas (parte 2)

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-Hace un rato que te esperaba
-Se me hizo un poco tarde, estaba nervioso y no dejaba de transpirar;
me propuse no salir de mi casa hasta que no se me secara la frente.
-Está bien, no te hagas problema,
así que vos sos XXXXX!.
-Si, ¿decepcionada?
-Te hacía más alto nene, no no estoy decepcionada.
(En ese momento creo que toda mi personalidad
locuaz me abandonó.
Pensé en levantarle un acta de abandono, pero no es mi estilo
¿de qué hablar con alguien con quien no tenés nada más en común que el deseo?.
Por una parte es un alivio, pero por otra, uno también es un pollito romántico y neurótico.)
-¿Nos vamos?
-Dale (me dice) ¿adonde vamos?
-¿Conocés Belgrano? (pregunté)
-No. (me dice)
-Hoy lo vas a conocer.
No se porqué, pero mientras caminabamos por el estacionamiento decidí acercarme.
Fué entonces que inopinadamente
la tomé en mis brazos y la besé
Esta historia continuará

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