La Carencia

Jueves por la mañana, luego de una hora de natación le dedico un rato al mate mientras espero al chino que viene a traducir a otro chino al castellano. Si, digo castellano, no me gusta decir español, me parece un invento yankee, prefiero decir que hablo castellano, me siento más cómodo así.

Luego de la recorrida obligada por los blogs de costumbre me empiezo a preguntar si la musa de la fiebre de Hesse ya no me quiere visitar más, porque últimamente me está costando escribir, no se si tendrá que ver el hecho de que haya gente que piense que soy un “chico cibernético”. Bah, eso es cosa de golfas.

Pero si, debo aceptarlo, últimamente estoy más introspectivo y me parece que todo lo que escribo es una basura, no es que antes no lo hubiera pensado, es más estoy convencido de lo basura que es mi paupérrima obra, lo que me hace sentir mejor es que por lo menos tengo una paupérrima obra, eso me pone adelante de por lo menos cincuenta millones de personas y ayuda con mi pequeño problema de inseguridad y paranoia.

Me gustaría que ustedes vean donde yo trabajo, que sientan lo que siento las mañanas al entrar aquí, que vean este sol en la ventana, que experimenten la paz de la isla de edición junto conmigo, mate de por medio. Eso, se van poniendo cómodos que yo les empiezo a contar pavadas. Pero pavadas con mate son mejores que sin, no les parece?.

Hoy logré nadar veinte piletas y me siento bien. Libera endorfinas nadar, lo he comprobado por la mejoría en mi humor desde que empecé a hacerlo hace unos meses. Salís de la pile y te cagas de risa del mundo. Siempre dije que a mi la vida me sonríe, el único problema es que le faltan todos los dientes.

Una persona como yo, ¿cómo se ve una persona como yo?. ¿Cómo soy yo ante mis propios ojos? ¿Cómo me verá mi familia? Muchas veces pienso solamente en mí, creo que cada acto mío tiene siempre su posterior análisis crítico. Pienso en mi comportamiento y en los años pasados, puesto que ya no soy más un niño. Hubo momentos difíciles en mi vida y creo que ésta época es bastante buena como para mirar hacia atrás y cerrar definitivamente etapas.

Pero mis actos, ay dios, si hay alguien que no actúa con conmiseración para con sus propios actos, esa persona soy yo. Vivo atormentado por las cosas que hice mal, es así y no las puedo dejar ir. Y si, a veces actúo como un carenciado, es que en definitiva cuando era solamente un niño, me carenciaron y eso me alcanza hasta hoy. Forma parte de mi personalidad, por eso señores, los que se quieran acercar a mi, sépanlo, soy un cadenciado y a veces, inconcientemente, carencio a la gente que quiero,así de fácil, ni siquiera me doy cuenta, pero lo hago.

Recuerdo cuando estaba en pareja con I, siempre esperaba en vez de vivir. Nunca nos daba los gustos, y cuando lo hacía ese terminaba siendo el tema de conversación durante toda la semana, “mierda si queremos salir adelante tenemos que medirnos más y no gastar el dinero en boludeces”. Lo recuerdo hoy y lo lamento, quisiera poder tener una máquina del tiempo para poder volver a esos momentos y decir lo que realmente quería decir: “te amo, nos vamos afuera el fin de semana?” después de todo, trabajo mucho y no la paso tan bien como debería, o si, si es comparativa la cosa la paso mejor que muchos, pero no me refiero a eso.

La incapacidad para superar este tipo de cosas y pensar en hoy, decir crecí, hoy soy mejor que en esos días. La realidad es que pienso en todas estas cosas y no logro entender como tuve dos parejas y como me aguantaron tanto. Supongo que eso es amor y no lo que yo pensaba que era. Por eso hoy en la distancia y aprovechando que I lee este blog paupérrimo quiero aprovechar la oportunidad para decirle, eh! cambié, me di cuenta! No soy un necio! se que te carencié y estoy muy arrepentido por ello!!. Creéme que mientras lo hacía al mismo tiempo te amaba con el alma. Es solo los días de otoño que pienso en ella, y muchas veces al despertarme me parece que ella está en Blanes o en Cesenático y que me va a llamar por teléfono para recordarme que pague el alquiler o que llame a mi madre, o que salude por el cumpleaños a alguien, y que en unos meses vuelve con euros y sonrisas, y que todo estará bien y con suerte podremos organizar nuestra vida.

Es luego de tomar el desayuno y de verle la cara a Gretita en su bostezo número cincuenta de la mañana, que me doy cuenta que la realidad es otra. Que ya pasaron casi dos años de la última vez que la vi. Que se hace tarde para ir a trabajar y no debo olvidarme la agenda porque es ahí donde anoto lo que tengo que hacer, si, muchas mañanas de mi vida el tiempo se detiene, ocurre el infinito mientras sostengo la taza de café en mi mano derecha, un movimiento cósmico me lleva de paseo por mi vida, y su estación favorita es I. Y aún no puedo responderme como me veo a mi mismo. Ni puedo arreglar las mañanas para que este mar de soledad no nos separe más.

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