17:42

greta y yo

Domingo, 17:42 del día del padre. Gran cosa ser padre. Está registrado en la sociedad como lo máximo que le puede ocurrir a un ser humano, ser padre. Y parece ser que la gente lo encarna con tantas ganas que una vez que son padres es como si nada pudiera con ellos, como si dijeran, “hey, puedo hacer mi propia gente, ¿quien me va a detener antes de que haga un ejército?”
Hoy día del padre estuve pensando en todas las cosas que implica traer un hijo a este mundo. Desde la responsabilidad de hacer algo que no tenemos la menor idea de cómo hacerlo, hasta la gente que luego de llevar una vida frustrada prueba teniendo un hijo y poniendo todo en el, el ya clásico “yo vivo por mis hijos”.

Lo cierto es que es una tarea de esas que habitan escondidas entre nosotros, pero a la vez una de las más observadas por gran parte de nuestra sociedad y una de las más criticadas. Ah sí, a la hora de la crianza, todos son expertos, y están agazapados esperando algo que les de letra, algo que ellos asocien con el error. “Viste al hijo de X, que maleducado, yo si Francisquito hiciera eso le doy vuelta la cara de un sopapo, ja! Que manera de criar a un chico”.

Mucha gente está convencida que carenciar a los niños es una manera de ponerles límites, y cuando tienen que ponerles límites, que según los especialistas, es una de las formas de demostrarle amor a un niño, no lo hacen, prefieren el clásico, “vos no le das valor a nada”
Casi el 90% de la población del mundo con hijos no los dejan un segundo en paz, los persiguen, les inculcan mantras, les hacen cosas porque la mirada externa que los observa y los juzga los presiona y ellos se dejan presionar y quieren aprobar ante esos ojos. Quieren sacar título de “soy un buen padre” y ni siquiera se acuerdan de cuando eran chicos, de que sentían ellos.

Bien les aviso que están haciendo mal, o mejor dicho, les aviso que pueden hacer las cosas mejor, podrían tener otro tipo de relación con esas almas maravillosas que en esta encarnación habitan con ustedes. Se están perdiendo de cosas maravillosas que tienen para ofrecer los ojos de los niños, los nunca escuchados, simplemente por el hecho de que son niños, no importa cuan sensato sea lo que hayan pronunciado sus pequeños labios.

El frío entra por la ventana de mi casa, inunda el living, Fiona duerme, su cara no muestra preocupación. Por primera vez en estos tres años que nos tienen juntos creo que ella está exactamente donde tiene ganas de estar.
Nos llevó tiempo construir esto, fue una tarea de amor, todo el tiempo amor, incondicional.
Bill Murray dice en Lost in translation mientras yace con Scarlett Johanson tendido en la cama de su habitación de hotel. “Cuando nace tu primer hijo, toda tu vida así como la conoces, desaparece, no existe más”. Esto que suena tan duro a simple vista, puedo decirles que es verdad. Un hijo es el ejercicio de dar, sistemático, dar todo el tiempo.
Por eso es tan duro para la mayoría de la gente. Nadie te prepara para la experiencia.

Es que todo el mundo siempre lo piensa desde su propio beneficio, o desde su propia vida, por ejemplo nadie piensa alguna vez antes de tener un hijo, “Mi hijo querrá nacer y tener un padre como yo?”. No. Es mejor pensar en hacer ecografías tridimensionales, o pensar en filmar el parto, o estar en el mismo parto.
No se piensa si un niño quiere nacer y si estoy preparado para recibirlo, solo va adelante y lo hace.
Pienso que cosa más básica, que cosa de gente que no tiene nada en la cabeza, sin embargo basta ver que casi todos los íconos intelectuales de todos los tiempos tuvieron hijos. Es un impulso que parece imposible de resistir, como cuando Greta en medio de su embarazo psicológico se sube a mi pierna y le hace el amor como si fuera un perro, ella es perra y aún así me hace piernita como un perro. Yo la reto pero ella vuelve a intentarlo una y otra vez, no lo puede racionalizar, es instintivo, como tener un hijo.

No tengo idea porque me vienen estas cosas a la cabeza, tal vez es una manera de entender finalmente a mis padres, de perdonarles el haberme hecho pasar una niñez espantosa. El tratar de redimirme y encontrar mi camino finalmente soltándolos, dejándolos como los dos pedazos de carne vieja que son hoy. Poder despegar de ese lugar de hijo que me arruinó parte de mi vida. Nunca entendí a mis padres. Hoy en día no puedo entender el egoísmo de mi madre, como ve el mundo siempre pensando en ella, para luego tratar de convencerme de que solo piensa en mí. Hoy lo visité a mi padre, le dije feliz día del padre y lo abracé. En el abrazo le dije que se que hizo todo lo que pudo, que no le guardo rencor, que a veces lo miro y me veo a mi mismo y no reconozco un parecido, solo se que nos une el amor que siempre voy a sentir por el.
Porque en definitiva nadie nos enseña a ser padre ni a ser hijos, nadie nos enseña lo que es vivir, solo somos un puñado de buenas intenciones.

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