Everyday

Si hay algo que detesto más que que me persigan, es que me persigan insistentemente, como intentando darme cacería. La corrida frenética por entre los árboles del bosque, con las ramas que lastiman mis brazos y mi cara, mientras siento el aliento de mi perseguidor en mi espalda y siento ganas de llorar, pero se positivamente que no puedo llorar, porque o lloro o corro y mis ojos, atosigados de información a doce frames no llegan a enviarle a mi cerebro la información necesaria para que este pueda determinar que conviene más, si virar a la derecha, a la izquierda o agacharme para no comerme una rama de frente, definitivamente no es mi estilo.

Al margen de las persecuciones y los adverbios baratos, empecé a escribir todos los días, ¡es que ahora dicen que la escena blogger está sobrecargándose y hay mucha competencia! entonces quiero reforzar mi blog para no quedarme afuera de esta maravillosa subcultura a quien alguien felizmente un día decidió empezar a llamar BLOGÓSFERA, que vendría a ser algo parecido a un blog en forma de esfera, la cual metafóricamente simboliza al mundo donde vos, el, ella, yo, nosotros vivimos, o tal vez y siendo un poco más volados, pensar en un universo paralelo y esférico en donde todos nos paramos a abrevar de la cascada dorada que nos da la inspiración y dejamos al lado de un alcornoque fuscia nuestra pequeña colaboración.

La divisa que se maneja en ese universo paralelo y esférico son las letras, aquí nadie quiere saber de oro, billetes, automóviles lujosos, diamantes o esmeraldas, no, aquí solo es abrevar y dejar todos los días la colaboración que finalmente hará que este universo paralelo con forma esférica, tenga combustible para seguir dando una vuelta más, un día más, una año blogosférico más, para vos, para el, para nosostros vosotros y ellos. Pero en definitiva no es más que un gran maní salado, que junto a una docena más de sus compañeros, retozan en la mano de un chino que está a punto de metérselos en la boca, apenas haya terminado de beber un trago de cerveza.

En fin, ahora escribo todos los días, esa es la gran noticia del día. Realmente se me ocurren docenas de cosas todos los días, el problema es que me olvido enseguida por estar pensando en otra cosa, o simplemente por pararme a mirar como un jardinero municipal a las 17:23 corta el pasto de la plaza que está a la vuelta de mi casa. Puedo decir que he visto muchos jardineros cortar el pasto, de hecho mi abuelo Federico era uno de ellos (Federico tuvo una vida deliciosa, vivió en las calles del centro desde niño y hasta le lustró los zapatos a Gardel, ¡y más de una vez!) y puedo asegurar que este hombre delgado, cabisbajo, con la cara chupada y muchas arrugas, pierde la mirada en la recorrida de su máquina, ida y vuelta, ida y vuelta, y yo me quedo admirándolo solo por un minuto más, repitiéndome que será solo por otro minuto más cada sesenta segundos.

Luego, me desconecto y sigo camino a mi casa surfeando en mi paso torpe y veloz, en mi nariz que no se destapa jamás, montado en mi cabeza que no para más e intenta adelantar el próximo movimiento del día, como para saber qué es lo que tengo que hacer y no voy a hacer, y, de esa forma hacer de mi un desorganizado organizadamente oficial. Tal vez tenga suerte y cuando llegue a la puerta de mi casa esté la hermana de Kirchner y me regale algo, soy un votante activo y lo último que pierdo en este gran país, son las esperanzas, lo demás, ya lo perdí todo.

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