Llamada

Como un estilete recorre mi cuerpo seccionándolo en partes. Su voz telefónica invade mi sistema auditivo. Luego lo contaminará, es irremediable. Inmediatamente luego de sentir el “hola” [en tono bajo y lúgubre] del otro lado, me arrepiento de hacer lo que estoy haciendo, pero debo aceptar ante mi y el espejo que el instinto me arrastra a ello, como a los Ñus a cruzar todos al mismo tiempo por el mismo lugar del río pasándose uno por encima del otro, es irremediable, sí, tanto esto como aquello.

Al darse cuenta de que soy yo el que llama cambia su estado de ánimo, y lo hace de una manera obvia, como quien quiere mostrar una falla deliberadamente, como si ésa falla representara en sí misma la prueba de su poder sin límites. La conversación empieza como siempre, una espiral sin mosquitos, una ventana en el desierto, ojotas en la pista de baile. Las palabras van y vienen y se pueden empezar a avistar los primeros destellos de furia contenida.

Como una burla del destino salgo lastimado una vez más, la misma vieja historia, como en las películas de terror, cuando uno ve que la próxima víctima llega justo al lugar donde no tendría que estar y, al oír un ruido empieza con los “hola, ¿hay alguien ahí?” y sigue entrando al lugar y uno se muerde los codos en cada paso y en cada sobresalto pega un golpe en el apoyabrazos de la butaca y dice, “pero por qué no se va la pelotuda ésta? ¿no ve que la van a matar?” Mi karma es una más de terror como éstas, pero la escena en la que me acuchillan hasta abrirme un agujero en el vientre está loopeada y ocurre de principio a fin una y mil veces sin parar.

Ella es poderosa como vieja, yo soy débil como organizado, las cuentas no dieron nunca sin una sobreadaptación de mi parte, sus ojos viejos y raídos por el paso de los años deben estar clavados en algunas de las fotos de cuando era niño, mis ojos húmedos y astillados por el paso de las escenas, estan clavados contra este monitor plano, mientras mis dedos hacen repiquetear las teclas en este texto lástima donde no hay ganadores ni perdedores, no hay hérores ni bandidos, lo único que ocurre es que a la mañana sale el sol y a la noche oscurece y sale la luna.

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