Felisa me muero

Ni el pormenor simbólico de reemplazar un tres por un dos, ni esa metáfora baldía que convoca un lapso que muere y otro que surge, ni el cumplimiento de un proceso astronómico aturden y socavan la altiplanicie de esta noche y nos obligan a esperar las doce irreparables campanadas. La causa verdadera es la sospecha general y borrosa del enigma del Tiempo; es el asombro ante el milagro de que a despecho de infinitos azares, de que a despecho de que somos las gotas del río de Heráclito, perdure algo en nosotros: inmóvil.

Jorge Luis Borges

El 2005 llega a su fin, hasta dentro de otro billón de años tal vez, y nos deja en medio de una noche de calor agobiante sedientos de ansiedad, insomnes ante el futuro. Estarán los que ya vienen planificando el próximo año de sus vidas desde ya hace unos meses, impulsados tal vez por algun tropiezo personal, miraron el cielo y dijeron, “el año que viene esto va a ser distinto”.

Estarán los infaltables melancólicos con sus “en el 2006 van a hacer tres años que ya no estamos más juntos”, los autocomplacientes “desde las cero horas del primero de enero del 2006 no fumo más”, los ilusos “en el 2006 voy a poner toda mi energía en conseguir trabajo”, los costumbristas “para el 2006 salud, dinero y amor”, los insoportables de siempre “para el 2006 River se está reforzando bien, ¿viste?”, los mentirosos “para 2006 planeamos reducir el índice inflacionario y crear 50.000 nuevos puestos de trabajo”, los que el agua ya les llegó al cuello “esto no puede seguir así, empieza el año próximo y no me hago más la paja”.

Están todos ellos y muchos más, historias perdidas en las noches de Diciembre, historias escondidas entre los matorrales en los costados de las vías del tren. Me viene a la mente un tango en donde Anibal Troilo habla y creo que dice algo así “yo nunca me fuí, ja, si siempre estoy volviendo” y yo, que alguna vez soñé con tener una navidad y un año nuevo en medio de la nieve por las calles de Milan, hoy sigo estando acá, igual que ayer e igual que si [como Troilo] me hubiera ido mil veces.

Rodeado por los perfumes conocidos de la gente a la que amo, llevo una copa de champagne en mi mano y estoy despidiendo al pasado. Lo despido con un beso en la boca y diciéndole con voz firme mientras lo miro a los ojos: “hubo un golpe de estado en mi corazón, ya no sos vos quien gobierna mi destino”.

Donde quieran y con quienes quieran que estén, levanto mi copa con ustedes a la distancia, aunque todo este tiempo la hayamos acortado con tanto leernos, y mi corazón y mi mente se llena de los más hermosos deseos para todos ustedes. A intentarlo amigos, que la energía del intento es la que mueve el Universo. Feliz Fin de Año para todos.

Walter Della Chiesa
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