Jarabe de psicosis

Wall

Durante el invierno pareciera que sólo ellas tienen el valor suficiente para asomarse a las calles heladas. Las veo en los bares de Blanes o en la estación o sentadas a lo largo del paseo marítimo, solas o con sus hijos o con alguna amiga silenciosa, y en sus manos siempre descubro un libro.
Roberto Bolaño.

Tengo una sensación extraña, siento que me observan, siento ojos, cientos de ojos clavados en mi espalda que acompañan mis movimientos, mis torpes movimientos.

La cosa no es un drama en si, pero cuando hace cóctel con dos o tres situaciones más, uno pasa momentos desagradables. O mucho peor aún, la sensación de asfixia es tan omnipresente que vence mis defensas y me encierro. Un encierro no obligado, un encierro pajero que me arrincona y me exprime el alma. Jarabe de psicosis.

Las ventanas de mi casa están todas cerradas, mis uñas crecen acompañadas por el ritmo intenso del crecimiento de mi barba, el aire viciado de los días de encierro tiñe las paredes de color vacío, se apodera de su palidez y les escupe hastío. Los platos sucios de la desesperación esperan que un alma amiga aterrice sin haber sido invitada y se ponga los guantes, tome el detergente y lave sus penas.

Corro como si fuera perseguido por el animador de en un concurso televisivo que quiere ver si mis medias están más blancas que antes. Me escondo porque las perdí y solo tengo entre las manos el color de mi vergüenza. Los días pasan. Siempre creí que las palabras son dichas pero que no mueren en ese acto breve, sino que se mantienen, nos sobreviven, siempre me reconfortó esa idea.

Escribir me salva la vida, por más que no lo haga en papel, por más que sea solamente en mi cabeza mientras miro el sol. Esta es una semana escondida, me he propuesto ser yo, no falsas versiones de mi, solo yo. No peleándome más con mis dificultades, aceptándolas. Reconociéndome primero a mi, antes que a nadie más, después de todo, por más escondido que esté y barbudo y con uñas mugrientas, no puedo evitar convivir conmigo mismo.

Anuncios

Lobo

Soy lobo

El lobo llega a mi con una intensidad que nunca tuvo. O mejor dicho, como nunca antes lo había hecho. Y ya no soy yo por un momento, pero me siento YO, más vivo que nunca. Saco todo y luego, tomo todo de mis compañeros.

¿Y el Amor? Somos resultados de amores prostituídos. Te quiero si te recibís, si sos ordenado, si te vestís elegantemente, si colgás la ropa cuando llegás a casa, si comés más despacio. ¿Y el amor incondicional? En tu animal, que te espera.

Resabio

Tambor Búffalo

Necesito a mi lado una mujer sencilla y equilibrada, y cuya alma agitada y oscura no alimentara continuamente mi desesperación. Los últimos tiempos te veía siempre con un sentimiento de temor e incomodidad. Sé muy bien que tus inquietudes por mí son a causa de tu amor, pero es tu alma enferma y malformada como la mía la que exaspera esas inquietudes y te corrompe la sangre. No quiero seguir viviendo contigo bajo el miedo.

Antonin Artaud.

Si bien la medianoche conoce todos mis trucos y, hasta el agua de cada día me hace gestos iracundos, como de ¡otra vez!

Si bien los pajaros nocturnos ya no cantan en mi ventana y puedo conciliar un sueño pleno y puro, no puedo evitar sentirlo vacío, como a mi cuerpo, y ni siquiera puedo acumular pesadillas.

Mis constantes enojos con el mundo que me toca vivir hacen inútiles las batallas contra mis impedimentos. Cuando ese sabor invade mi boca, se enferma mi gusto y se formatea el disco. El resabio de la impotencia empapela mi lengua y ya no soy más aquel simpático, y ya corro desbocado porque rompí mis riendas.

Muchas veces quiero mandar al infierno a todos los terapeutas, que desaparezcan los psiquiatras y que la tierra se trague a todos los hospitales y sanatorios.
Muchas veces solo me pasa que no puedo esconder mi desagrado por esta Neo Modernidad, tan antiestética y banal, tan insulsa y pedante.

Pero algunas veces en el año, solo algunas, siento el llamado de la pacha. Me levanto temprano, desayuno en silencio y hago el campo mío como las nubes cuando invaden el cielo, clavo mi espada y mi puñal en la tierra y con mis manos tomo barro del suelo y pinto mi cara con él, como un guerrero.

Cierro mis ojos y me dejo poseer por el alma del lugar, olor a romero y salvia y tambores sonando me llaman. Mi maestro y mi lobo me esperan, este sábado inicio el viaje a su reencuentro para ver si puedo reencontrar lo que dejó este vacío en mí, este pozo oscuro y húmedo que se siente tan solo. Este sábado hay batalla contra mis impedimentos, pero de la mano de la compasión.

Este sábado y domingo hay taller, la semana que viene la crónica.

La final

“La vida nos acorta la vista y nos alarga la mirada. ¿Cómo poner otra figura en el paisaje sin desarticularlo como una feria invadida por la tristeza, sin que las nubes o los árboles se despeguen y salten como muñecos desarmados?”

Roberto Juarroz.

El ojo en en el ojo pero el corazón en Varsovia.
Tu pena sobre mi pena, mi remo sobre tu bote.

Como un guerrero Sumerio aprieto los dientes y huelo la sangre de nuestra última batalla: La final.

Las almas desencantadas se descubren en la pesadez selvática de mi mal humor.
Y ya no quiero discutir más, y solo quiero distancias.
Y ya tus ojos no me miran encantador, y ya mi cuerpo pide gancho.

Hoy, con el retrogusto de lo inevitable, se abre una nueva posibilidad.
Alternativas traidoras que aparecen cuando nadie las llama ni las busca.
Hoy mis pies amanecen separados de los tuyos por primera vez en setecientos treinta días y cinco horas con veintitrés minutos, los más largos de las últimas catorce horas pero mucho más cortos que los primeros sesenta segundos.

Tus palos chinos me alimentaron de algas y pasiones de fines de primavera, tus labios látigos flagelaron mi estima, hasta despertarla de su letargo.
Y solo escribo pavadas para pasar el rato, y solo pienso en tus ojos para vencer el miedo.

Tres Segundos

-Claro, Herb. Tú sabes siempre muy bien lo que hay que hacer en tierra del prójimo. Plante esto, terraplene aquello. Pero de otro modo hablarías si la tierra fuera tuya.

Fragmento de “A Sangre Fría” Truman Capote.

El cielo se cae, la noche lo envuelve todo y el viento, siempre el viento.
El humo gentil del cigarrillo danza en puntas de pies esquivándome, mi mirada débil se entrega una vez más, casi sin oponer resistencia. Una mirada demasiado cobarde para intentar nuevamente cruzarse con esos ojos.

Esos ojos portadores orgullosos de la luz que azota de albor mi ventana, ellos no lo saben y creo que nadie se va a animar a contarles que no son más que la mejor parte de mi crepúsculo, ese que nos envuelve y dora nuestros cuerpos desnudos y amarillos, sudados y paganos, en constante vaivén, en un loop de movimientos y ahogos.

But for now, i just say i love you dice Jamie tímidamente en el aire mientras mi mirada se pierde una vez más en un ir y venir de libros, discos y cosas que nunca encuentran su lugar, aunque les puedo jurar que lo intentan cada día, en busca del tan preciado tabaco.

¿Qué más puedo decir? más que declararme culpable de los cargos y huir corriendo ante el primer descuido del oficial en custodia de mi imaginación. Una vez más, la pregunta favorita de mi neurosis vuelve a repiquetear en mi cabeza con ruido a llave que no quiere entrar en la maldita cerradura.

Pero, ¿Cuál es esa dichosa pregunta? ¿Encierra un contenido selecto e indescifrable que hace atractivo cada día solo por la posibilidad de enfrentarse al reto?
¿Son todas mis elecciones producto de un detallado análisis de posibilidades a favor y en contra o son una vez más el resultado de algún razonamiento trasnochado para luego terminar como un afluente más de la desgracia que ha poblado partes de mi corazón que, al igual que el de mi prima A. cada vez se rompe en trozos más pequeños? ¿Será una pregunta demasiado pajera? ¿O será que, tal vez, en un rapto de atrevimiento, los estoy entreteniendo con frases lo suficientemente largas, construidas con palabras muy sonoras, como para complicarles de manera sutil su entusiasta lectura?

Los días se van más rápido de lo que jamás hubiera pensado, no me dan tiempo a levantarme, darme una ducha y tomar un desayuno decente, no llego jamás a tiempo al aeropuerto de las horas, vago de gate en gate, víctima de una burla fatal a mi temperamento. De repente vuelvo a esos, ¿Cuantos habrán sido? ¿Tres miserables segundos de mirada fija? suficientes para dejarme pensando en vos, “la nueva”, preocupada porque yo encuentre todo lo que necesito, pero no dispuesta a darme lo que realmente puede llegar a salvarme la vida, o por lo menos eso que yo pienso que puede llegar a salvarme la vida.

Ahora, es hora de dormir, de llevar todas las cosas de esta irrealidad vacía, a la que algún iluminado llamó día, a un plano onírico de posibilidades infinitas, dónde, y al igual que en los libros, se encuentra la vida que yo quiero vivir. Esa vida que hace que mi boca desborde de jalea de placer, dejando todos mis labios pegoteados y sedientos de un poco de esa boca de “nueva” que me mira petrificada con una planilla en su mano y una birome en la otra mientras yo con mi mirada clavada en sus ojos, y abusando de mi facilidad para saltar de mundo en mundo, la hago mía aunque sea por estos tres segundos.