Catarsis

La reputa madre que lo re mil parió al referí del partido.

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Hasta siempre Fabián

Ruidos, música, voces, imágenes, olores: olor a escuela, a cocina, a familia, y ahí sé que el ataque es inminente que no se puede hacer nada para evitarlo, nada. Es horrible, y perfecto. Porque durante esos segundos sos libre. No hay opción, no hay alternativa, nada para decidir. Todo se ajusta, se estrecha a uno, y uno se entrega.

Fragmento de “El Aura”

Amo el cine, amo el cine como expresión pero también amo el cine como entidad individual, como forma de vida y de las formas de mirar el mundo es sin dudas la que más me seduce. No soy un conocedor de datos o estadísticas ni me considero un coleccionista de cine, mucho menos un cinéfilo fanático de los cines y de ver películas día por medio, mucho más por una cuestión de necesidad que por una expresión real de mi voluntad. Pero este texto no es para hablar de mi, ni siquiera sé si es para hablar de cine, o si, ¿importa saberlo a estas alturas?.

La primera vez que vi Nueve Reinas, quedé fascinado, porque en esa cinta a mi humilde entender estaba todo, cómo contar una historia, o por lo menos cómo entiendo yo que se debe contar, y es que hasta ese momento me parecía y hoy me sigue pareciendo que hacer cine en Argentina era alejarse de las historias para centrarse pretenciosamente en un tema “macro” o para dejar de lado las posibilidades que nos pone en la mano la narrativa y perderse en una nebulosa de actores puteando a los gritos dentro de obras vacías, sin sensibilidad, lleno de lugares comunes y surrealismo berreta, un cine carenciado (salvo honrosas excepciones: Favio, Rejtman, Campanella, Spiner) con casi nada que contar, ya desde las mismas escuelas.

Pero Nueve Reinas no era así, tampoco era una obra intelectual compleja de la talla de Bergman, no, Nueve Reinas va de la mano con la simpleza, con lo natural, con personas que se interrelacionan en un mundo de estafadores y de intrigas y de plazos que corren y de situaciones irreversibles, pero sin dejar de ser una historia simple, no recurre a montajes engañosos o a dar vuelta historias en busca de algo de validación, más como un intento de sobresalir por la acción individual que por la obra, no; es solo cine, una película de cine, y aunque nos pone también de cara con nuestras dificultades como sociedad, jamás es pretenciosa ni pierde simpleza y frescura.

Cuando hablo de simpleza no hablo de falta de vuelo intelectual, ni de chatura, todo lo contrario, la película tiene de su lado “la complejidad de lo simple” diría Jung. Fabian Bielinsky habla a través de su historia con una sensibilidad y con un conocimiento de las calles y de las personas que lo enriquece y dota a su cámara de un guiño. En el montaje hace que las escenas transcurran y que el ritmo no caiga y que la historia no pierda su principal potencial, la simpleza, Fabián tiene el tiempo de su lado y eso es todo.

Cuando se estrenó su segunda película no me conformé con experimentarla en dvd y econtonces fuí al cine. El Aura me llevó de viaje, un viaje por fotografías de paisajes grises con olor a bosque, un viaje de sensaciones encontradas, un viaje a una realidad que puede existir en la cabeza de su protagonista o no, pero que toma al espectador del cuello y lo hace ver más allá, un viaje al mundo de un taxidermista epiléptico y a sus ataques, en un mundo de mujeres jóvenes casadas con viejos golpeadores, un mundo de egoísmos encontrados y de duelos, un viaje dónde las casualidades confunden más que la bruma de la patagonia.

El Aura me dejó impactado, la casi total falta de música durante el film, sumado a la idea de no saber el nombre de su protagonista me llevaron a mirarla y verla sin perderme un suspiro. Al salir del cine estuve tentado de escribirle a Fabián, de decirle que me había encantado su película, que era una película que me hubiera encantado editar, y que me encantaría poder trabajar con él, en ese momento lo postergué, como a veces postergamos cosas por creer que son estúpidas o por no ponerle el ciento por ciento de nuestras energías.

Hoy por la mañana me enteré que Fabián Bielinsky había muerto, noticia que me puso imprevisiblemente triste y me dejó pensando toda la tarde en él y en su obra. Leí varias entrevistas, en todas habla de cine, de técnicas, de la historia de Nueve Reinas y del “fenómeno” que desató la película, de Criminal (la versión norteamericana de nueve reinas) y de qué sentía al ver que cuatro películas de cine nacional estaban entre las diez más vistas; pero nadie le preguntó nunca nada sobre él, nadie le preguntó sobre su infancia, sobre su barrio, sus padres, nadie quiso saber nada de su vida, de la misma forma que cuando llevó el guión de Nueve Reinas lo rebotaron de todos lados, fue ignorado.

Ayer se murió Bielinsky y no puedo evitar estar triste por eso, me quedo con ganas de más, de más visiones esquizóides, de más corridas con perros lobos, de más rostros fotografiados, de más historias y de saber un poco más de él. Algunos amigos intentaban consolarme diciendo que así sacó pasaje a la vida eterna, pero yo creo que ya lo había sacado: en el primer grito de acción el primer día de rodaje de su primera película. Que decanses Fabián donde quiera que estés y un abrazo a la distancia.

El destino viste buzo rojo

Era entrada la tarde noche del sábado, Argentina ya estaba clasificada para los cuartos de final y yo manejaba despreocupado por Scalabrini Ortiz con los ojos en la pista pero con la mente sumergida en mis conflictos a trascender, en los dilemas de mi mente y de mi alma.

Manejaba por una Buenos Aires mundialera con las calles invadidas por el celeste y blanco pero a la vez tapizadas por la llovizna de un invierno apurado por hacérse notar, cuando de repente y con la misma facilidad con la que los pájaros levantan vuelo y se elevan perdiéndose en las alturas, el destino decidió presentarse ante mis ojos y extenderme sus manos, unas manos de anciano sabio y yo, que soy un romántico incurable, las vi desde mucho antes de lo que debía verlas.

El destino vestía buzo rojo y llevaba mochila, tenía el pelo desarreglado y unos dieciseis años y por más que yo lo llené de bocinazos y luces, por más que yo frenaba hundiéndo mi pie en el pedal para retrasar mi encuentro frontal con él, no se detenía.

No tenía rostro, solo una nuca que giraba contra otra nuca y seguía su camino inevitable a mi encuentro. Como una burla, como una broma pesada en un velorio se me ocurrió girar el volante de mi auto, como quién hace que su perro lo corra y cuando está a punto de alcanzarlo frena y lo hace pasar de largo. Así y todo el destino siguió hasta mi encuentro y con el sabor de lo inevitable, me golpeó, y el ruido vacío del impacto hizo vibrar mi cuerpo al ritmo de la desesperación y la tristeza.

En ese preciso instante supe, de la misma forma que supe cuando nació mi hija, que mi vida, así como la conocía hasta ese momento, ya no sería nunca más lo que había sido, de ahí en adelante un trozo de mi alma abandonaba mi cuerpo para unirse a esa siluteta de buzo rojo tirada como un trapo viejo en el asfalto debajo de la pared de llovizna. Detuve mi auto y puse las balizas, tomé mi cara con mis dos manos unos segundos, luego abrí la puerta y me bajé.

Cuando busqué su silueta en el piso ya no la ví y entonces paneando rápidamente observé al destino corriendo por la vereda de enfrente con dos amigos más y huyendo de lo sucedido, observé el rojo de su buzo perdiéndose en una calle perpendicular y por más que lo llamé a los gritos para verle la cara y que me devuelva el pedazo de alma no me escuchó, solo me quedó para recordarlo una abolladura como de patada en la puerta trasera de mi auto, una marca que quedó grabada en la pintura como un recado, como una clave mágica que si uno se aleja y la observa detenidamente está diciéndome que nuestra cita, la dejamos para otro momento.

Despertares

Abrí los ojos casi en penumbras y giré mi cabeza hacia donde se que está el despertador. Entonces toqué el botón de iluminator, nueve cero ocho. Dejé caer mi cabeza en la almohada y solté un suspiro profundo, con el suspiro llegaron restos del alcohol de la noche anterior. Salté de la cama como hago siempre (siempre adoré sentir el piso frío bajo mis pies) y nuevamente me encontré con mis problemas para organizar mis mañanas, prendí la compu y puse una canción, elegí rápido "Negra Sombra" de Luz Casal, caminé desnudo por el living y levanté la persiana mientras oía los primeros acordes, fuí a la cocina prendí una hornalla y puse la pava con agua.

Una mañana diferente, una mañana de soledades, a través de la ventana logro percibir que a mi vecina se le hace tarde para ir a (supongo) su trabajo. La noche anterior me sorpredió en un estado catatónico, en un estado de desesperación del alma, y no quiero sonar como un maricón, pero es así. Tampoco quiero pintar un lienzo donde muestre lo desdichado que me siento y que soy un pelotudo por haberme generado este presente, no, las pelotas, me la banco así como estoy, solo que hay días y días, así como hay olas y olas que son estados de estados que vienen de amores de amores y que son el alma del alma, la respuesta de la respuesta a la pregunta que jamás ha sido hecha.

Me meto en la ducha caliente y tengo intimidad con mi esponja y mi gel, dejo que el agua se lleve todo lo que sobra, lo que inflama mi ser, dejo que el agua sea mi voz, me refriego los ojos y luego los abro deben ser las nueve y media (pienso) me gusta adivinar la hora, debe ser por eso que no uso reloj, detesto el hecho de usar reloj, esa preocupación constante por el tiempo, yo llego a la hora que llego y trabajo el tiempo que trabajo, los horarios no van conmigo y aunque soy un tipo puntual cuando me encuentro con alguien, me importan un carajo los horarios de mis empleadores y parece ser que a ellos tampoco les importa que cumpla sus reglas mientras les entregue un poquito de lo que tengo para dar.

Una mujer, me hubiera gustado ser una mujer, sentir lo que sienten cuando tienen su menstruación, sentir el instinto materno danzando como un duende loco en sus vidas, ahí cuando se distrajeron y por un segundo se dejan seducir por sus instintos, recuerdan el llamado de los primeros homínidos y ya no dicen: ¿Hijos? no, gracias, ese tipo de cosas básicas me produce fascinación, creo que hubiera sido una mujer interesante, fea, pero interesante.

Me tomo un par de mates con canela y miel, antes la pasaba chiche bombón con el mate solo, minimalista que le dicen o minimatista como más te guste, ahora no, lo prefiero con un poco de canela o cedrón y un twist de miel; miro mis cosas, mi Precission abandonado al lado del TKO 115, tendría que vender estas cosas, sacudir la colcha del pasado de una puta vez, si claro, también podría nacer de nuevo, pero digo, vamos, podría comprar una guitarra acústica y hacer unos freseítos antes y después de la ducha, pero es tan lindo mi bajo que prefiero verlo todas las mañanas.

Termino mis tres o cuatro mates y me preparo para salir a un nuevo día, "son las diez y otra vez todo empieza, el show de hoy tampoco debe esperar y aunque piense que hoy voy a encontrarte muy dentro mío se que allí no estarás" Salgo a la calle y el viento insolente pone roja mi nariz, miro para un lado miro para el otro, a veces pienso que el milagro va a suceder cuando hago esto, que de repente voy a ser poseído por la felicidad mientras espero un taxi en la puerta de mi casa. Hoy la nota es en sol de soledad y soledades, que no es tan grave como MI pero todo depende la octava que se toque.

Top Five – Canciones para estar triste

1- Things Behind The Sun de Nick Drake: La delicadeza de su voz solo puede hacer juego con la delicadeza de sus palabras.

"No seas tímido aprende a volar y ve el sol cuando el día se haya terminado, si solo vos ves quien sos, bajo una estrella que vino gratis a quedarse un día de lluvia en otoño. Si, sé lo que vas a ser."

2- Angelene de PJ Harvey: La gran Polly Jean (en homenaje a ella bauticé a mi perra) despliega su caudal lleno de melancolía y sutileza. Increíblemente triste pero inceíblemente optimista.

"Querido dios la vida no es amable, la gente aburriéndose y agonizando, pero escuché que hay alegría incalculable que yace delante mío abierta como un camino."

3- A Man Alone Frank Sinatra: La versión de "A Woman Alone" de Billie Holyday, ¿se puede agregar algo más?

"Un hombre no solitario, excepto cuando llega la oscuridad, un hombre aprendiendo a vivir con los recuerdos de medianoches que fracasaron al amanecer." Dice Frankie y yo le creo.

4- Lover, you should´ve come over Jeff Buckley: Una maravilla hecha canción, una plegaria un rayo en el medio del campo.

"…Siento que soy demasiado joven para sostenerlo y demasiado viejo para liberarme y huir, demasiado sordo, tonto y ciego para ver el daño que he hecho… deberías haber venido, porque aún no es demasiado tarde…"

5- Everybody Knows (Except you) The Divine Comedy: Un poco naif, pero para sufrir con buen humor, y disfrutar el hecho de ser un loser por elección propia, amar desde la sombra.

"Todo el mundo sabe que te amo, todo el mundo sabe que te necesito, todo el mundo sabe que es así menos vos…"

Y hasta aquí llegamos con este recorrido pero este top five no sería top five sino tuviese un bonus track,enjoy it.