La balada de Jack Y Rose

El rey de la correccional y la reina del camino piensan que si comparten la carga alivianarán el peso.
Así que empacaron sus problemas en un viejo Cadillac.
Ésa es ella en el espejo dormida en el asiento de atrás.
El rey de la correccional – Aimee Mann

Ella quería dar con el factor que la acompañara a intentar redimir su tristeza, quería un florero con azucenas o astromelias, una casa con dos perros, una habitación estudio donde guardar sus libros y un corazón y una espalda a los cuales aferrarse cada noche y encontrar consuelo para ese insomnio de alma que la aquejaba desde hacía mucho tiempo.

Él acababa de desembarcar de su último bombardeo con Napalm, sus ojos habían perdido el color de otras épocas, tal vez en alguna paleta olvidada por alguien en un sucio desván. Parecía que su color se diluyó en alguna alcantarilla o por el excusado de alguna de sus mujeres pasadas. Era obvio, su aspecto lo decía todo, estaba incapacitado permanentemente para dar. ¿Su frase favorita? No porque lo sientas quiere decir que existe.

Estaba privado de ese don, como para emparejar su maldita persistencia. Ese carácter vil y duro que no cesaba en su intento de mitigar y combatir otro tipo de fantasmas, más estéticos o más estáticos, o más erráticos que él mismo.

Ella quería un baño de inmersión con sales y un patito amarillo para jugar a las olas; él quería pollo rosty con papas fritas y una cerveza helada. Ella quería un florero de cristal grande y el disco nuevo de Joss Stone, él, una caja de valium y una botella de J&B Jet.

En sus cocinas, los trastos sucios eran los testigos sordos y mudos de esta empresa quebrada, de esta rueda de la fortuna detenida en medio de la lluvia a la que se le apagararon una a una todas sus pequeñas luces.

Ella gustaba de clavarse un alfiler en la espalda (siempre el mismo) y hacer pequeños agujeros, uno paralelo al otro. Ver brotar la sangre la desconectaba del dolor, la insensibilizaba. En el ritual todo era perfecto, nada escapaba a lo planeado cuidadosamente antes de tomar los elementos de corte Si enterrás el alfiler lo suficiente brotará la sangre fresca. Un nuevo túnel de fuga fue abierto con éxito.

Luego pasaba una media hora curando y desinfectando cuidadosamente una a una todas las heridas, saber que los tejidos se regeneraban solos debajo de su ropa la tranquilizaba. Saber que una pequeña costra nacía debajo de su remera, en la oscurdidad, le daba una sensación de redención y de seguridad inigualables. Al menos, algo funcionaba.

Él golpeaba las paredes con los puños hasta sentir que los nudillos se le iban a desarmar, golpeaba con dureza una y otra vez hasta sentir los dedos derretirse como manteca, quería tener la seguridad o al menos la esperanza de que algún hueso había conseguido deformarse con los golpes, sería una señal divina, algo que nadie haya creado jamás, algo que pudiera aportar a esta vida sin utilizar ningún elemento exógeno, unicamente su cuerpo.

Un día, de forma inesperada, cruzaron sus miradas mientras ella caminaba por la calle de su casa. Volvía de la tienda donde compraba fruta. Él, en cambio, caminaba para sentarse en algún bar a leer un poco de Melville. Entonces, ocurrió algo curioso pero lógico a la vez: Al mirarla, tuvo el impulso de llevarla a su casa y curarle la espalda con una crema de aloe vera y luego hacerle un té verde, ella, sin despegar la mirada de sus ojos, pensó en entrar a la farmacia y comprar vendas y algún analgésico para socorrer esas manos raídas.

Ese día se miraron y tuvieron un impulso parecido, una cuestión mágica tal vez, teniendo en cuenta que era la primera vez que uno notaba la presencia del otro. Pero no por mágica, la cuestión resultaba menos coherente. El hecho de mirarse y leerse era una señal. En ese momento, pensaron que algo podrían llegar a hacer juntos, algo que fuera más allá de anécdotas como comprarse flores o regalarse compacts o invitarse a cenar. Pensaban en lograr, que la porcioncita de baldosa del mundo que les tocó en suerte, podría tener un sabor un poco menos miserable que con la receta que usaban todos los días. ¿Podrán lograrlo?

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12 comentarios en “La balada de Jack Y Rose

  1. hey vine adejarte un par de besos y esta bien que me hayas ignorado en cuanto a mi pregunta. simple estupidez lo mio y sin llegar a ser natural
    Besos y que tengas una linda noche

  2. Turca, el de nada papi me hace acordar a las películas de Olmedo y Porcel!

    Sol, nadie la ignora, hijas tengo una docena!
    gracias por los dos besos y veo que venimos bien de autoestima!

    Cip, es que ese es el funcionamiento que traen de fábrica.

    Caracol, buen lunes, me alegro que le haya gustado y yo también espero que lo logren, pero esa, esa es otra historia.

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