La cura

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Es con una alegría tan profunda. Es un aleluya tal. Aleluya, grito, aleluya que se funde con el más oscuro alarido humano de dolor de separación pero que es un grito de felicidad diabólica. Porque ya nadie me ata. Sigo con capacidad de razonar –he estudiado matemáticas, que son la locura de la razón- pero ahora quiero el plasma, quiero alimentarme directamente de la placenta. Tengo un poco de miedo: miedo de entregarme, porque el próximo instante es lo desconocido. ¿El próximo instante está hecho por mí? ¿O se hace solo? Lo hacemos juntos con la respiración. Y con una desenvoltura de torero en la arena.
Agua Viva – Clarice Lispector

Sigo vivo. Aún con la decepción entre las manos, con el mismo pesimismo que observaste en mis ojos esa noche rojo cereza. No soy yo el vivo, soy el atormentado, el violento, el de los estiletazos fatales. No es una agresividad sutil. Es un ataque de guerrero Sumerio, un sangriento rito pagano en el que finalizo bebiendo tu sangre de un cráneo animal.

Y se muy bien que estuve perdido. Créeme que conozco el desierto, porque fui invitado de sus noches heladas sin abrigo y de su días de vientos sin poder ver más allá de mi propia nariz. No son días de canciones de cuna ni de rondas tomados de la mano.

No estoy acá para jugar al juego de la silla. Estoy acá porque me enviaron a escupirte la cara, a atravesarte como un relámpago para que entiendas de una vez por todas que lo que tienes dentro de tu pecho es un corazón. Por más lleno de musgo y sucio de brea que esté, es un corazón y late, aún dentro del cuerpo de un muerto como vos. Si, porque vos te moriste hace mucho, pero nunca tuviste mucha conciencia de tu propia anatomía. Siempre anduviste por el mundo con ese gesto de mierda y ese esguince de mandíbula.

Voy a estar días, meses, años, lustros, y tal vez alguna otra maldita medida que inventen, desgarrado por dentro pero hoy, solo por hoy voy a escupir lo que vine a decir ese día que me hallaste nadando en mi propio vómito y que por cuestiones terapéuticas y místicas no pude jamás poner en claro. Hoy soy más fuerte que ayer, hoy no me asusta la soledad, ni el cambio, ni los fantasmas que me perseguían mientras llenaba de cocaína mi nariz y de dolor mí alma. Hoy quiero caminar solo alejado de las tribulaciones de los planos, que miden su vida en pulgadas como si se tratara de un monitor. Hoy soy el fantasma que siempre quise ser, no te preocupes si no podés encontrarme nunca más.

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