Entrada 293 (La abandonadita)

¿Por qué vivir de compasión? ¿Por qué las ganas de sentirse de prestado me dan tanta repugnancia? Recuerdo cuando supe tener una banda de rock con amigos. Eso fue hace mucho tiempo, cuando tenía 20 años y una mirada mucho más inocente me mostraba el panorama tamizado. Un día dos de los chicos nos juntaron en el comedor, puesto que la sala de ensayo estaba en la casa de uno de ellos, para contarnos que habían decidido dejar el grupo porque no estaban seguros de querer seguir tocando y no le veían futuro. Recuerdo que me puso triste pero los comprendí de inmediato porque era algo que me venía cuestionando hace rato, ¿hasta cuando seguir con este ladrillo? La cuestión se puso densa cuando se me ocurrió, a veces tengo unas ideas brillantes pero un poco invasivas, visitar a este amigo una tarde de jueves.

Me los encontré tocando con otros dos pibes, resulta que estaban tocando juntos desde hacía varias semanas y decidieron irse con ellos pero por supuesto no nos lo contaron, tuvieron la peregrina idea de decidir por nosotros, de proteger nuestra sanidad mental de tamaño desengaño, privarnos del gusto amargo del abandono. Hubiera sido una buena idea que le hubieran puesto al grupo “Los Magnánimos”, pero no, ni siquiera les anduvo el engranaje para eso y se pusieron Res Non Verb, porque era evidente que ellos tocaban pero no creían en la palabra.

Poniendo un manto de sinceridad a todo este asunto, no tengo la más pálida idea de qué es lo que quería decir con toda esta historieta, pero aquí la encontré, entre los drafts, abandonada como mi primo y yo con nuestros instrumentos, esperando que me llamara la atención su nombre, “Entrada 293”. Mi querida entrada, mi querido Blog, ya con más de tres años “al aire” aguanta el paso del tiempo y de los embates de la real academia. Lo importante es el objeto, no el sujeto.

La noche se deja sentir en mis ojos y decido que me voy a dormir mientras me despido hasta mañana de este espacio con la seguridad de haber vuelto y tener algunas que otras ganas de contar un par de cosas que andan habitando mi cabeza, compartidas entre el lobo, el tarot, las pecas cubanas y algún que otro alimento digno de comentarse y acompañarse con buena música y cine.

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