Resurgir

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Quit, don’t quit? Noodles, don’t noodles? You are too concerned about what was and what will be. There is a saying: yesterday is history, tomorrow is a mystery, but today is a gift. That is why it is called the “present.”

Oogway (Kung Fu Panda)

Hay una mirada que, implacable como un metrónomo, gobierna de pleno derecho el ojo con el que miro el mundo. Es la mirada que se esconde detrás de las cosas la que gobierna, desde hace muchos años, las palabras más sinceras y abiertas que mi corazón puede ofrecer y las hunde en la desverbalización y el desamor. El amor me dejó grietas y espacios inmóviles, me dejó películas, comida y conciertos de cello, me dejó un montón de dudas pero también muchas certezas, el amor me dejó y emprendí una caminata por un sendero gris, con poca vida, en un intento por volver a encontrar el jardín del que habla Gabo, ese del que nunca me tendría que haber alejado.
Di comienzo a la trigésima octava calpa, llena de impacientes cuestionamientos, de perfumes irresistibles, desbordante de deseos imposibles de ser aplazados. La trigésima octava es la calpa del no saber, la comezón de la curiosidad y de preguntar todo y a todos. Después de años de dictar cátedra como un acalorado general fachista, el rigor se tomó la tarde libre. Como un doble de Robert Walser, quien decidió de la noche a la mañana internarse en interminables paseos campestres, con el aroma a flores y el rocío como únicos testigos, absortos y mudos ante su empecinamiento, mi intento más primitivo sera concentrar todo mi entusiasmo en lo que no sé. Escuchar sin interrumpir, con generosidad y agradecimiento. Entregarme al anonimato que brinda la ignorancia, una capa de compasión que nos abriga y nos acompaña en los rincones más oscuros de nuestros encierros, sentarme en la mesa de un desconocimiento en su faceta más pura y primaria y compartir con él su vino y su pan.
La trigésima octava calpa llegó para impregnar el ambiente de una fragancia tan audaz como vertiginosa, con tanto contraste que hace temblar las piernas y perturba angustiosamente el ánimo, pero a la vez inspira arrebatadamente, con un furor irrefrenable el paladar, que pide a gritos experimentar un poco más de la bebida desconocida, aún sin haber probado el primer trago, aún sin saber si es posible sobrevivirlo.
Bienvenida pues esta trigésima octava calpa, las campanas de la torre la reciben y ya hay alfombra roja para ella y su bandada de pájaros multicolores, que nos regalan una brisa fresca como la que precede a la lluvia que terminará con la sequía, como cuando uno tiene la certeza de que aún, lo mejor está por venir.

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