2 day

No duró nada, pasó con el apuro de los nubarrones del sudeste, claro
que derramó toda su energía, pero en definitiva no duró nada, por lo
menos para mí; que siempre espero más de todo.
Por un momento estoy sentado en la puerta de mi casa, el final de mi
niñez. Veo el barrio, reconozco las caras y los aromas, mis ojos se
humedecen y una voz me llama por mi nombre, es hora, por fin, de
jugar.
El tren de las fechas me trajo a donde estoy, hoy más que nunca,
sentir las caricias a distancia de la gente que me quiere y me lo
dice, como puede; decía, hoy más que nunca: cuando cierre mis ojos
para el descanso pensaré en los horarios, las distancias y el cariño,
que como el más testarudo de los yuyos, crece y hasta de vez en cuando
nos regala una flor con forma de sonrisa.

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