mil diez

De izquierda a derecha la vista panea en un dos por cuatro visualmente infectado de luz hasta que las pupilas chocan con ese espacio, que no es más que el infinito a través de una ventana de vidrio, media sucia en algún lado, medio limpia digo, hoy. Las sábanas blancas de mi alma responden todas en absoluto a un instinto, a un espacio que llena de luz mi pensamiento y me deja conectar desde otro lugar, más misterioso, más eterno, menos rígido y controlador, más abierto al conociemiento y casi limpio de paranoia. Un lugar en el cual dejo todos los músculos sueltos, ser como quieran ser, naturales, pesados, densos. Mis ojos buscan ese lugar en el cielo, ese que conecta al lugar en el cual está almacenada toda le energía acumulada durante miles de calpas, desde el tiempo de los tiempos, el lugar donde se guarda la energía del intento del ser humano, pero desde un ser humano imposible, un ser humano en igualdad, no importa nada de él, ni su educación, ni su infancia, sus padres o sus intentos de suicidio a corto o largo plazo, ese lugar nos condensa a todos en un sólo impulso que algún día sacará de eje a esta galaxia, borracha de luz y ciega de movimientos. Buscan ese lugar y creen haberlo encontrado con los ojos cerrados, lo toco, mi mano sobre él, despido a un ser que quise durante treinta y nueve largos años, para recibir a éste, un brand new marinero de las mil tormentas al juego de las almas. Bienvenido seas

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