El invierno más crudo

Yo la amo, mi corazón está lleno de sonrisas y buenas noticias desde que la conocí.
Ella es especial como no lo fue jamás nadie en mi vida.
Sus curvas, la estridencia de su risa, su cabello en mi boca, el ahogo agitado del sexo sin concesiones, el roce de sus delgados pies en el medio de la noche, sus abrazos nocturnos.
Todas esas cosas las voy a extrañar eternamente.
La perdí, incluso hoy me pregunto si es que alguna vez la tuve para poder justificar tanta pérdida. Su actitud me desgarró el alma y hoy me digo que soy fuerte, que puedo sostener este tsunami de emociones, autoengaño.
Me siento como nunca antes me sentí, tan derrotado, tan falto de esperanzas que ni siquiera puedo derramar una sola lágrima.
Ella era mi norte y mi sur, la dueña de mis risas.
Hoy no está más y parece que no hay absolutamente nada que pueda hacer para remediarlo, solo seguir velando las noches, mirando el cielo, intentando calentar mi cama que está helada de dolor. Empieza el invierno más largo de mi vida de la mano del cumpleaños más triste que vaya a pasar. Le escribo a mi yo del futuro esta carta para que sepa, en el estado en el que esté, como estabamos hoy, me escribo para saber si mejoré o aún estoy empantanado, me escribo como si mi vida dependiera de ello. Yo la amo, pero voy a tener que forzar a mi alma a olvidarla lo antes posible. Antes de que termine este invierno y nos apure el sol para renacer.

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2 comentarios en “El invierno más crudo

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