e así

Como dijo una gran amiga..
“Rompeme el corazón, pero no las pelotas”

Que así sea…

Las cosas se mueven en el mismo lugar

“…iba cambiándome de ciudad
iba perdiendo capacidad
iba contando sólo en parte la verdad…”

Bien, reconozco que hace bastante que no escribo. Llegué a creer que había perdido la capacidad de hacerlo.
Ahora mismo estoy pensando en dejar este cuarto y salir corriendo a Bangalore a tragar gin tonic como un oligofrénico.
Así y todo se murió Michael, Berlusconi inició la era del sexo “políticamente” correcto, pasaron las estaciones, Brasil, los delfines, el HD, el 4 punto 0 y la exacerbación del gin tonic con pepino. Me es complicado aceptar mi porpia incapacidad para aceptar que tengo movimiento, para reconocer como todo un caballero que, a pesar de todos mis esfuerzos para desmerecerme algunas cosas estoy moviendo.
Y es por esto y no por otra cosa, que hay un stickie amarillo pegado en mi monitor, testigo inmóvil de los días en esta oficina tan moderna como asfixiante.
Pegado inmóvil me recuerda que los días de omnipotencia pasaron, que muy a pesar de mis esfuerzos quijotescos hay cosas que no voy a poder cambiar, porque sencillamente no nacieron para ser cambiadas, sino para ser aceptadas.
Miro mis piernas cruzadas, bebo otro trago de vino y le doy la pitada mortal a mi cigarro, antes de perderme hasta que decida otra entrega en este mundo de letras y de hiperlinks. Me voy caminando en fuga al horizonte viendo como las cosas siguen cambiando siempre igual.

2 day

No duró nada, pasó con el apuro de los nubarrones del sudeste, claro
que derramó toda su energía, pero en definitiva no duró nada, por lo
menos para mí; que siempre espero más de todo.
Por un momento estoy sentado en la puerta de mi casa, el final de mi
niñez. Veo el barrio, reconozco las caras y los aromas, mis ojos se
humedecen y una voz me llama por mi nombre, es hora, por fin, de
jugar.
El tren de las fechas me trajo a donde estoy, hoy más que nunca,
sentir las caricias a distancia de la gente que me quiere y me lo
dice, como puede; decía, hoy más que nunca: cuando cierre mis ojos
para el descanso pensaré en los horarios, las distancias y el cariño,
que como el más testarudo de los yuyos, crece y hasta de vez en cuando
nos regala una flor con forma de sonrisa.

Anamorphic

Una caída desde lo profundo hacia lo vasto de aquella pradera de los viajes, esos que solía tomar sin dejar de estar sentado en la cocina de la casa de mi abuela Paula, practico, haciendome tiempo para degustar algunos entremeses sin dejar de lado la lectura obligatorio de ojos y humores tan común en el universo hollywoodense.
Me hago un bollo humano, una masa sin forma, una medialuna que no es, un montón de vacío apretado en una mano. Estoy solo, ya no hay nadie en la habitación, sólo yo, con mi cicatriz, solo, sin ganas de seguir conversando. Al menos por el momento.

Sobre el presente

Estar frente a la ventana de la habitación de mi nueva vida, un domingo de otoño casi cuando el sol se encuentra con los noventa grados, con mate, miel y el disco de Robert Plant y Alison Krauss produce en mí una sensanción de bienestar que hace mucho no experimento.
La mirada sin fin desde el décimo piso se pierde en el fuera de foco de los edificios de la zona más norte de la ciudad y sólo es interrumpida por alguna bandada de pájaros que se regocijan entre la brisa y el sol en idas y vueltas, como si todos juntos ensayaran una coreografía perfecta de acrobacias voladoras o simplemente jugaran a la mancha.
Un mate más, revisar un poco el pasado para reír de lo que debí reir en algún momento, vivir este presente y sentirme afortunado y por lo menos, intentar planear algo chiquito para un futuro bastante inmediato.
Es un domingo, pero no es un domingo más, cada poro de mi piel lo siente, una y mil veces, en cada contacto con el aire, en cada parpadeo de mis ojos, no es lo mismo, creeme cuando te lo digo.
Estoy creciendo y, mientras lo hago, acepto que duele, que es una tarea ardua y muchas veces angustiante, que queda gente en el camino no se sabe por cuanto tiempo, pero queda en el camino, cimentando cada uno de los escalones pisados para llegar a este estadío.
Uno a veinte de cientos, dice mi gmail cuando reviso conversaciones con algunas de las personas co-protagonistas principales de la novela de mi vida estos últimos 6 años, me da curiosidad y reviso nuestras conversaciones. Es un material inagotable y me muestra y me hace recordar qué era lo que estaba haciendo mientras daba respuestas tan preformateadas. Me pregunto por qué no tuve la lucidez para comunicar la angustia que sentía en esos momentos, producto de factores humanos externos, con energía negativa, que me absorbieron hasta la última gota de energía. Si, mientras mis personas queridas se preocupaban por mi, yo sufría al ser confrontado constantemente y, mientras intentaba no preocupar a esas adorables personas, me alejaba de ellos con un “ok”, malas decisiones que se pagan con el desarraigo.
De todas formas, no estoy tratando de ser duro conmigo mismo, ni autocompadecerme, solo me fascina lo empecinado que estuve en fallar en el intento por comunicarme en esos cientos de mensajes.
Hoy es distinto, no porque no haya algún tipo de malestar, sino porque yo estoy más despierto ante este tipo de eventos y entiendo que la mejor manera de atesorar mi entorno es contarles como me siento y no tamisar la información para que no se angustien.
Se vienen momentos de fijar nuevos objetivos y yo soy mi testigo más fuerte en este caso, siempre que me planteé un objetivo lo cumplí, o hice todo lo posible para cumplirlo. Es que en mí, siempre lo complicado no fue hacer, sino pensar que era lo que quería realmente hacer, cual era mi deseo, que travieso, jugaba a las escondidas en lo más profundo de mi panza.

Tercer año

Hoy hace tres años que tu presencia acompaña a mi alma, llegaste en una caja con dos trapos en las manos de la niña que más amo en este mundo y desde entonces regás las mañanas de amor y el espacio de glamour. Es que la vida es más ordinaria sin caras como la tuya. En este año en donde olvido fechas (por suerte) sin darme cuenta, no me olvido de vos, compañera de aventuras, los secretos de nuestras noches compartidas viajarán por siempre hasta el día en que, inevitablemente, nuestros caminos se separen, si luego de eso, llegás a conocer a una persona que te acaricie la cabeza como yo lo hago, estate atenta y no la dejes ir, porque esa persona seré yo, buscando nuestra órbita en mi próxima etapa de encarnación.

Mi vida hoy se resume así…

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Mi vida es un vestido descosido
con una manga al hombro y otra a la falda
el cuello sin bordado y el escote ajustado
asfixiante, ahogado, deslucido.

Una falda con flores ladeada hacia un costado
violetas y amarillas como un fuego apagado
mi vida es un vestido de verano
es un vestido corto, muy corto y abrigado

Mi vida es un vestido desguasado
armado con la tela de un pañuelo bordado
con un solo cabello de un angel separado
de las cosas del cielo por ser tan bien amado

Mi vida es un vestido perdido y olvidado
con toques portentosos de colores apagados

Mi vida es un vestido que juntos hilvanamos
sobre la sombra larga de cuando nos amamos

Mi vida es un vestido descuidado
nunca de moda….. nunca muy usado.

“Mi vida es un vestido”, Gabo Ferro, del disco “Todo lo sólido se desvanece en el aire”

Resurgir

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Quit, don’t quit? Noodles, don’t noodles? You are too concerned about what was and what will be. There is a saying: yesterday is history, tomorrow is a mystery, but today is a gift. That is why it is called the “present.”

Oogway (Kung Fu Panda)

Hay una mirada que, implacable como un metrónomo, gobierna de pleno derecho el ojo con el que miro el mundo. Es la mirada que se esconde detrás de las cosas la que gobierna, desde hace muchos años, las palabras más sinceras y abiertas que mi corazón puede ofrecer y las hunde en la desverbalización y el desamor. El amor me dejó grietas y espacios inmóviles, me dejó películas, comida y conciertos de cello, me dejó un montón de dudas pero también muchas certezas, el amor me dejó y emprendí una caminata por un sendero gris, con poca vida, en un intento por volver a encontrar el jardín del que habla Gabo, ese del que nunca me tendría que haber alejado.
Di comienzo a la trigésima octava calpa, llena de impacientes cuestionamientos, de perfumes irresistibles, desbordante de deseos imposibles de ser aplazados. La trigésima octava es la calpa del no saber, la comezón de la curiosidad y de preguntar todo y a todos. Después de años de dictar cátedra como un acalorado general fachista, el rigor se tomó la tarde libre. Como un doble de Robert Walser, quien decidió de la noche a la mañana internarse en interminables paseos campestres, con el aroma a flores y el rocío como únicos testigos, absortos y mudos ante su empecinamiento, mi intento más primitivo sera concentrar todo mi entusiasmo en lo que no sé. Escuchar sin interrumpir, con generosidad y agradecimiento. Entregarme al anonimato que brinda la ignorancia, una capa de compasión que nos abriga y nos acompaña en los rincones más oscuros de nuestros encierros, sentarme en la mesa de un desconocimiento en su faceta más pura y primaria y compartir con él su vino y su pan.
La trigésima octava calpa llegó para impregnar el ambiente de una fragancia tan audaz como vertiginosa, con tanto contraste que hace temblar las piernas y perturba angustiosamente el ánimo, pero a la vez inspira arrebatadamente, con un furor irrefrenable el paladar, que pide a gritos experimentar un poco más de la bebida desconocida, aún sin haber probado el primer trago, aún sin saber si es posible sobrevivirlo.
Bienvenida pues esta trigésima octava calpa, las campanas de la torre la reciben y ya hay alfombra roja para ella y su bandada de pájaros multicolores, que nos regalan una brisa fresca como la que precede a la lluvia que terminará con la sequía, como cuando uno tiene la certeza de que aún, lo mejor está por venir.

Reflexión

No hay peor ciego que el que (además) no quiere oir.

Bienaventurados

“No me mires a los ojos, hoy mi mirada podría lastimarte”

Pasó el tiempo, tanto que ya se conjuga en pasado. Muchas cosas tienen la manía de cambiar o por lo menos de intentarlo. Lo cierto de toda esta copla corta es que este presente jamás fue pensado como presente y sin embargo lo es, mucho más porque lo que te pasa te conviene que por un empecinamiento de mi voluntad. Yo quiero expresar cual es la sensación que me gobierna a diario, que decide mis tiempos y mis humores. Pero lo cierto es que aquella quimera de intentar explicar lo inexplicable se rindió ante la imposibilidad de generar un reporte fidedigno, sobre todo ante sí misma. Creo que uno no conoce con certeza a una persona hasta que se separa de ella. Cuando los ojos se abren, cuando se cae el velo, cuando se enciende la luz de la realidad y ponele la metáfora que quieras, se produce un estado de transparencia, por unos cuantos minutos, tal vez horas, esa persona que tenés delante tuyo es su esencia, no esa que idealizabas, no aquella a la que detestas, no, la esencia sacude y desconcierta y es que hay mucha más seguridad ante el odio o ante el amor que ante el instinto de supervivencia. El cerebro se pone de acuerdo con el corazón y decretan el estado de duelo, de donde no habrá nunca regreso, por lo menos cuando uno tiene una edad en la que dejó de saber de qué habla la gente que tiene dieciocho. Bienaventurados los agraciados con el don del olvido, porque de ellos será el reino de la sonrisa.